Por Eliezer Budasoff
"¿Qué es una carrera loca?", pregunta Alicia. "Bueno, la mejor manera de explicarlo es hacerlo", dice el Dodo, y dibuja una pista circular sobre el suelo. En el país de Lewis Carroll no hay reglas, no hay punto de partida, no hay metas: los animales se lanzan sobre la pista para vencer el absurdo, y esa ilusión de sentido es la que mantiene a todos en movimiento. En el país de César Ferri sucede lo mismo, pero el mundo ya no es una metáfora. El escritor traza una pista, el protagonista se pregunta por el sentido, y el lector se lanza a correr detrás de él en busca de respuestas, porque su carrera involucra a todos. Eso vuelve hipnótica a la segunda novela del escritor y periodista Jorge Cuadrado (Santa Rosa de Calamuchita, 1965).
César Ferri, el vocero del gobernador, amanece en la pieza de su hijo. La noche anterior golpeó a su mujer por primera vez. "Cuando la escuché decir que la irritaban mis certezas, solté una carcajada. No hubo tiempo de decirle que no me reía de ella", dice Ferri, y empieza a hundirse. Los golpes son un síntoma, la revelación física de su derrumbe interior, pero el vocero no tiene tiempo —nunca hay tiempo— para retroceder: el gobernador lo espera en el aeropuerto para viajar a una reunión en Capital. "Sería una irresponsabilidad faltar a mi trabajo en un momento clave", se justifica Ferri, y con los restos de inercia sube al auto y acelera por las calles vacías. "Un semáforo lo detiene en la madrugada, y el acecho de dos extraños cambiará el curso de su día", anuncia la contraportada.
Un país para César Ferri es "una aventura psicológica" y es un "thriller político", como han señalado sus reseñas, pero también es la historia de una tragedia cotidiana, una búsqueda desesperada en medio de la alienación. César Ferri quiere ser otro y huye, corre hacia adelante —por dentro y por fuera— con el furor de los que buscan un sentido con urgencia. ¿Uno está destinado a ser lo que es, a hacer lo que hace? ¿Hasta qué punto uno decide? Ferri, el vocero, no tiene demasiado derecho a pensar, y las preguntas que se hace lo sumergen en el mundo donde todo es absurdo, que es este mismo mundo mirado a distancia, con asombro y desencanto. Las noticias dicen que el avión del gobernador desapareció del mapa. Los medios especulan sobre los hechos y se preguntan por la ausencia del vocero. Ferri no subió al avión: maneja por la ruta como un poseso, debajo de la lluvia, acompañado por una joven desconocida, y en su monólogo interior se hace carne la lucha entre voluntad y destino.
Durante la carrera loca de Ferri, el mundo virtual y la realidad se confunden, las noticias crean los hechos, las emociones se pueden programar con un joystick, los recuerdos se manipulan, el futuro es un juego de estrategas detrás de las pantallas, el sueño de control de la ciencia. ¿Qué sucede cuando un vocero, un actor principal del mundo de las apariencias, comienza a dudar? La lógica de los medios y las operaciones de prensa se tambalean, muestra sus fisuras, y a través de ellas se trasluce la realidad frágil y salvaje de las cosas.
Con Un país para César Ferri, Jorge Cuadrado convierte las preguntas por el sentido de la existencia, la búsqueda de certezas, en una aventura vertiginosa que ilumina la comedia humana del presente, en una historia poderosa y atrapante.
Link: http://www.lacapital.com.ar/ed_senales/2009/7/edicion_39/contenidos/noticia_5071.html
domingo, 19 de julio de 2009
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